El seguro de vida es ante todo, la demostración de un gran acto de amor.
La persona que opta por contratarlo, manifiesta su preocupación por brindarle a su familia la tranquilidad y certeza de que, si él faltara, ellos estarían económicamente protegidos y podrían continuar viviendo una vida plena, sin carencias; gozando de la misma calidad de vida pese a que el proveedor de la casa ya no esté presente.
